A lo largo de mi experiencia personal y profesional me he dado cuenta de algo: Nadie naufraga por temas técnicos. Nadie abandona su proceso de pérdida de peso o tonificación por la alimentación o el entreno. Lo hacen por la frustración, la ansiedad o la culpa.
Es muy fácil cuidarse en vacaciones de verano cuando estás en casa y todo está en orden. Lo difícil es cuando tienes que hacer turnos para cuidar a tu madre y estás con una mudanza a la vista. Ahí pocas personas continúan. Se necesita una gran estabilidad y una mente que colabore contigo, no que te agote y te sabotee de forma constante.
Necesitamos crearnos una autoestima y estabilidad que nos permitan sostenernos cuando la vida se ponga retadora. Esta siempre ha sido mi gran pasión, mi gran hobby. El crecimiento personal y el autoconocimiento.
A lo largo de mi vida experimentaba momentos de mucha plenitud: Ese atardecer en verano… ese momento hablando con mi abuelo o dando un paseo por la playa. Momentos puntuales en que perdía la noción del tiempo y mi corazón latía lleno de vida. Momentos que me recordaban a la niñez, a esas ganas de exprimir cada segundo y de ser yo mismo sin importar nada ni nadie.
Eso aparecía… pero muy puntualmente y sin yo saber como replicarlo o hacerlo más frecuente en mi vida. Ni todos los atardeceres eran esa sensación ni la misma conversación en el mismo sitio me llevaban a ese estado.